Historia del Maquillaje – Parte III

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Coqueto, el Emperador Nerón utilizaba cosméticos con asiduidad. Sin embargo, su mujer Popea, la emperatriz del ungüento, quién usaba la leche como principal fuente de belleza.

En esta tercera entrega acerca de la Historia del Maquillaje, iniciaré con Grecia. Con las conquistas de Alejandro Magno, el uso de los cosméticos se generaliza en este país. Una floreciente industria nace en torno a los productos de belleza y los perfumes. Bálsamos y ungüentos se venden envasados en cerámicas de Corinto. Las damas de la alta sociedad helena poseen en su tocador tinturas, pomadas y aceites. Sombrean los párpados, prolongan las pestañas, marcan el contorno de los ojos con surme y pintan sus labios con un colorante derivado de la palomilla de los tintes. También varían el color de sus cabellos a capricho.

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Angelina Jolie en la película “Alejandro Magno”.

Galeno, físico griego del siglo II, descubrió que el aceite vegetal podía ser mezclado con agua y cera de abejas para obtener una crema que actuaba de refrescante y proporcionaba a la piel una gran elasticidad. Nada más y nada menos que la cold cream (crema frìa) de nuestro siglo, de la que conocidos expertos han hablado al referirse a la permanén y la col crem. No parece probable que Rómulo y Remo tuvieran una gran preocupación por su aspecto físico. Pero cuando los romanos conquistan el sur de la península itálica, ocupada entonces por lo griegos, comienzan a interesarse por una visiónmás estética de la existencia. Las primeras recetas latinas de belleza son procedencia griega.

POPEA

Ya en año 54 a.de C. , al convertirse Nerón en emperador, perfumes y cosméticos han adquirido una gran importancia en la metrópoli. El mismo los utiliza con frecuencia, y su esposa, Popea, proclama sus virtudes a los cuatro vientos. Incluso tiene a disposición un rebaño de asnos destinados a surtir la leche que emplea en sus baños.

Entre el repertorio de trucos femeninos más difundidos de las mujeres romanas estaban: albayalde y tiza para aclarar el rostro; khol egipcio en ojos y pestañas, fucus, una especia de colorete, para alegrar mejillas y labios, psilotrum como depilatorio, harina y mantequilla para curar espinillas y erupciones cutáneas, piedra pomez , mezclada con orina de niño, para blanquear los dientes, loción de amapolas con efecto astringente antes de maquillarse con blanco de cerusa y vinagre, arcilla y corteza de encina macerada en limón para endurecer los pechos. Además, no sólo se perfuma el cuerpo en Roma. La sofisticación llega al extremo de aromatizar también las ropas, el calzado y hasta las joyas.

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La barbarie de los germanos les horroriza, pero sus abundantes y rubias cabelleras les fascinan. Por aquel entonces, parece que loshombres también las preferían rubias y, ni cortos ni perezosos, se lanzan a la conquista del platino por la lejía (clorox, cloro). Pero del abuso el delicado cabello romano precisa con urgencia cremas acondicionadoras, intentando recuperar el lustre y vitalidad del pelo, el cual se ha perdido. Una de las más conocidas contenía, entre otros ingredientes, pimienta y excremento de rata.

No es extraño que estas fórmulas no prosperaran, y regresara la moda de las pelucas…elaboradas con las cabelleras de los prisioneros galos y germanos.

Los testimonios escritos sobre las fórmulas de exaltar la belleza corporal son abundantes. Entre ellos, existe el tratado que Critón escribe en época de Trajano. Juvenal menciona el uso del sudor de lana de oveja como excelente crema de noche. Parece repugnante, pero no es más que el empleo de la conocida lanolina. Quien se lleva el premio es Ovidio, nacido en el 43 antes de Cristo cerca de Roma. Como una especie de Hilda Strauss de la época, ofrece a hombres y mujeres innumerables consejos en su obra Arte de amar.

A ellas: “Observad un gran cuidado para que vuestros cuerpos no despidas hedor y que vuestras piernas velludas no se ericen de pelos. Si eres pálida, tiñe tus mejillas de un bermellón púrpura. Si tienes el pie deforme, usa siempre calzado blanco. La que le huela el aliento no debe hablar jamás en ayunas y sí tener cuidado de ponerse a distanciadel hombre que la escucha”.

A ellos: “No debes preocuparte de alisarte el cabello con las tenacillas ni de alisarte la piel con piedra pómez; deja estos ridículos aliños para los afeminados. La sencillez es la mayor elegancia del hombre viril. Presentate aseado, luzcan tus dientes su esmalte. No lleves largas las uñas, ni sucias; no asomen los pelos por las ventanillas de tu nariz y, antes que nada, que tu boca no hieda con el fétido olor del macho cabrío”.

En el próximo artículo, les escribiré acerca de los asiáticos en la cuarta entrega de la Historia del Maquillaje.

Gracias por leer!

(Bibliografía: Revista Muy Interesante año 6 N.76, Recetario natural de belleza. D.Peno. Miraguano Ediciones. Madrid. 1989)

@angieluthien

@luthienfashion

 

 

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